«Felinos» baja sus persianas: se despide un clásico de la noche jachallera
Después de varios años frente a la plaza San Martín, el Food-beer Felinos cierra sus puertas y deja detrás una historia marcada por la música, los encuentros, la gastronomía y miles de noches compartidas. El lugar, fundado por “Chiche” Herrera, se convirtió en uno de los espacios más reconocidos de la movida jachallera.
Hay lugares que son mucho más que un bar. Son parte de una época, de una costumbre, de una historia que se construye noche tras noche con amigos, familias, parejas, músicos, artistas y vecinos. Felinos fue uno de esos lugares en Jáchal.
Después de varios años de actividad sobre calle Juan de Echegaray, frente a la plaza San Martín, el Food-beer Felinos cierra sus puertas. La noticia marca el final de una etapa para la noche jachallera y deja una inevitable sensación de nostalgia entre quienes alguna vez hicieron de ese lugar un punto de encuentro.
Desde sus comienzos, bajo la iniciativa de su fundador, “Chiche” Herrera, Felinos logró construir una identidad propia. Su propuesta combinaba un ambiente cálido y original con una carta gastronómica variada, tragos especiales, bebidas de todo tipo, cerveza artesanal y, fundamentalmente, una característica que terminó convirtiéndose en una de sus marcas registradas: la música.
Por sus espacios pasaron prácticamente todos los estilos. Hubo noches de rock, pop, folclore, música latina, baladas y canciones del recuerdo. También fueron protagonistas los DJ, las bandas locales y distintos artistas que encontraron en Felinos un escenario para compartir su música con el público.
Pero Felinos no fue solamente un lugar para escuchar música.
Fue escenario de cenas, encuentros, cumpleaños, previas, karaokes y largas conversaciones que se extendían hasta la madrugada. Para algunos fue el lugar elegido para comenzar una noche de boliche; para otros, el destino final para comer algo y compartir un trago. También hubo quienes simplemente encontraron allí un espacio para reunirse con amigos o disfrutar de una noche tranquila en familia.
El lugar tenía además una particularidad que permitía vivirlo de diferentes maneras. La vereda, el sector cerrado y el patio ofrecían distintas alternativas según la ocasión, convirtiendo al local en un espacio versátil y para públicos diversos.
Y aunque fue especialmente elegido por los jóvenes, con el paso de los años Felinos logró algo que no todos los bares consiguen: ser un lugar donde también se sintieran cómodas las familias y personas de distintas edades.
A eso se sumaba una atención que muchos clientes recuerdan especialmente y una propuesta gastronómica que terminó siendo otro de los sellos del lugar. Incluso quienes preferían disfrutar de Felinos desde sus casas podían hacerlo a través del servicio de delivery.
Durante años, sus puertas estuvieron abiertas prácticamente todos los días. Y por ellas pasó una parte importante de la vida social jachallera.
Generaciones de jóvenes encontraron allí una mesa para juntarse, una canción para recordar, un trago para brindar y un lugar donde seguramente quedaron muchas anécdotas que hoy vuelven a la memoria.

Porque los lugares también guardan recuerdos.
Guardan la primera salida con amigos, una cena familiar, una charla que se hizo interminable, una canción que sonó justo en el momento indicado, el cumpleaños que terminó en karaoke, la previa antes del boliche o aquella noche en la que una banda hizo cantar a todo el bar.
Por eso, el cierre de Felinos no significa solamente que un comercio deja de funcionar. También representa la despedida de un espacio que durante años formó parte de la postal nocturna de Jáchal.
La plaza San Martín seguirá allí. La calle Juan de Echegaray continuará teniendo su movimiento cotidiano. Pero para muchos jachalleros, mirar hacia ese lugar ya no será exactamente lo mismo.
Felinos fue bar, pub, restaurante, escenario, punto de encuentro y refugio para tantas noches. Fue parte de la movida, pero también parte de la memoria de quienes alguna vez se sentaron en alguna de sus mesas.
Hoy llega el momento de cerrar una puerta, pero quedan las historias.
Quedan las canciones, las fotos, los brindis, las reuniones, los artistas que pasaron por su escenario y, sobre todo, los recuerdos de quienes hicieron de Felinos un lugar especial.
Se va un clásico de la noche jachallera. Se va Felinos, pero quedan sus noches.
